EN LAS DOS MANOS DE DIOS

Dios siempre está cerca, aunque a veces se esconde

EL TIEMPO APREMIA

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EL TIEMPO APREMIA

Qué hacer, hacia dónde dirigirme; en verdad, no lo sé muy bien. Como decía el P. Zezinho en esa preciosa canción:
¿”Qué camino seguir, volver atrás, o quedarme contento con mi suerte”?
A estas alturas de vida, seguir buscando, preguntándome, no deja de ser un indicio de que estoy vivo, que pretendo no dejarme llevar por la costumbre o la inercia de tantos años de ocupaciones y trabajos. Sigo inquieto, continúo esperando con impaciencia, percibo un hondo vacío que no consigo llenar, estoy insatisfecho, no encuentro plenitud en lo que hago, siento la falta de algo definitivo, que siempre he percibido en Dios, en la gracia de la fe, el don más preciado, LA NOTICIA, EL TESORO DE GRAN VALOR, LA PALABRA, JESÚS, a quien no he sabido seguir incondicionalmente dejándolo todo, como hicieron sus pocos amigos, los apóstoles. Mi ser de carne débil, de barro, de polvo, mi hombre pecador, sigue en el trabajo de la conversión, esperando humildemente que un día sea definitiva y total gracias al Espíritu Santo.

Mi mundo, mi ciudad, donde río y lloro, donde estoy atrapado, donde ocupo mis horas, donde se desenvuelven mis ocupaciones y preocupaciones, es la misma Nínive, la ciudad de pecado y frivolidad donde mandó Dios al profeta Jonás a predicar la conversión. Esta palabra de Dios por boca de Jonás es de tanta actualidad que, gracias a Dios, me interpela directamente al corazón y me sobrecoge, urgiéndome a la conversión, porque “se acaba el tiempo”, a la vez que me llena de esperanza en la entrañable misericordia de Dios, que me instruye en sus sendas, para que siga sus caminos con humilde lealtad, como nos dice el salmo.

El tiempo apremia, es la hora de dejar el viejo mundo ausente de Dios, sembrado de ambición y soberbia, de pecado, cuya representación se acaba inexorablemente; final que presentimos con miedo a la nada, con pánico a la disolución, a dejar de ser, si vivimos sin Dios. Creímos por un corto tiempo ser dioses pero alguna certeza nos dice que nos engañamos, por mucho que lo queramos disimular con el bello colorido de las posesiones y los placeres. Cada uno se reconoce, inevitablemente, bajo su propio disfraz. La pregunta nos inquiere desde lo más recóndito de nuestro ser, y de ninguna manera la podemos obviar: “Necio, ¿sabes si verás la mañana?”

“Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed en el Evangelio”

En un momento dado, en medio de la predicación, junto al lago de Galilea, Jesús, el Maestro, nos llama por nuestro nombre, “sígueme”

R.F.

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Autor: palabraypoesiarfdez

Disfruto buscando la belleza en la poesía, la literatura, la música y la Naturaleza.

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