EN LAS DOS MANOS DE DIOS

Dios siempre está cerca, aunque a veces se esconde


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SOLEDAD

SOLEDAD

 

Hoy ha sido un día de invierno tardío con unas horas de sol muy agradables para pasear, después de tantos días de  frío y destemplanza. En las horas previas al mediodía  llenaban las aceras y parques  del barrio de Hortaleza, Madrid, miles de paseantes para disfrutar de este sol de Febrero, en su gran mayoría ancianos; me llamó la atención que  una buena parte de estos paseantes cargados de edad, iban solos, y yo añadiría que también tristes, por sus andares cansados y sus ojos que miran sin mirar; a algunos les acompañaba su perrillo. Hay mucha soledad en los ancianos, y, debe ser fuente de grandes tristezas, no quiero ni pensar qué puede pasar por sus cabezas en las horas largas del día y en las noches de insomnio.

Cada mañana, desde hace tiempo, me cruzaba al ir  al trabajo,  con un anciano que, por su hemiplejia, a duras penas andaba a trompicones sujetándose en su cachaba. El día que iba un poco antes, cruzaba el paso de peatones delante de mí, y cuando iba un poco más tarde, ya le veía sentado en la parada del autobús. Allí se sentaba y empezaba a repartir migas de pan a los pajarillos que le esperaban puntualmente. Quizás este fuera su momento feliz del día, el momento  que remediaba su soledad, y en  sus ojos parecía verse un indicio de sonrisa.

Para él y para todos los que se encuentran solos estas palabras y este poema.

PARADA

La parada está sola
Tristona y silenciosa
Los gorriones puntuales
Deambulan confusos

En vano esperan
La bolsa de migajas
Que cuelga de la mano
Con la que agarra fuerte la cachaba
El anciano señor
Que cada día llega
Con sobrehumano esfuerzo, cojeando

Alguien le echa de menos
Y tras de larga espera
Se van marchando tristes
Como si conocieran
La soledad inmensa
Que hoy no remedian

Cada día llegaba
Arrastrando la pierna y la vejez
Con su vieja cachaba
Aunque es la soledad la que le pesa
Calle de la Estación, en Hortaleza.
Sentado con su bolsa va esparciendo
Las migajas de pan
Mientras una sonrisa
Parece adivinarse
En su semblante serio

Una chispa en sus ojos
De húmedo y triste azul
Cuando les roza el aire
Con sus revoloteos de caricias

La parada, hoy vacía,
Espera su llegada
Sin vida ni alegría

R.F.

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