EN LAS DOS MANOS DE DIOS

Dios siempre está cerca, aunque a veces se esconde


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LA VOZ

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Dice hoy el profeta Jeremías:

“Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.

El bautista grita con voz firme: HA  LLEGADO  EL DÍA, para quien lo quiera oír.

 

¡Qué hermosos sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz!

 

El Adviento, el anuncio del Reino, la preparación, la espera.

Juan el Bautista, el mensajero de cuerpo entero que sabe, porque se fía, que el Reino que anuncia es inminente. Cree que llega el Reino, y, este Reino misterioso que anuncia, le puede, le arrebata, le abrasa, y se deja arrebatar y abrasar por él. Su vida entera es sólo la voz, el anuncio de la palabra, del misterio, del Reino, del Bautismo del perdón.

Le sobra todo en su vida, sólo quiere ser la voz, y, para que nada la empañe o entorpezca, vive solo en el desierto, semidesnudo, apenas malcomiendo para sobrevivir. Es tan grande el mensaje, que hace de toda su vida mensaje, voz, predicación, meditación.

 

De esta forma se convierte ante nosotros, cañas al viento casi siempre, en un gigante en personalidad, un HOMBRE, el profeta más grande nacido de mujer. De nadie habla Jesús de forma tan admirable.

 

Me figuro a Juan como un gigante recio, adusto, mensajero, y, heraldo fiel y seguro de su Rey. En su misión empeña la vida y cuando la concluye se retira.

No quería que le estorbaran ni sus ropas para el mensaje; llegado el Rey que anuncia, tampoco quiere estorbar él.

 

Ramón

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