EN LAS DOS MANOS DE DIOS

Dios siempre está cerca, aunque a veces se esconde

LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO

2 comentarios

LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO

 

Mañana, 26 de Enero, se conmemora la conversión de San Pablo. Su conversión, su vida, su fe inquebrantable, su valentía, su temperamento; todo en él me interpela y me hace reflexionar. Hay que tomar opciones y decisiones en la vida, y defenderlas con valor, y seguir hasta conseguirlas sin desfallecer, combatir bien  el combate, seguir la carrera hasta el final, como él lo hizo y nos insta a hacerlo sin miedo, pues tenemos la certeza, como Pablo nos dijo de que “nada nos apartará del amor de Cristo”, que es lo único que importa, y “nada” es  “nada”, ni siquiera la muerte.

 

Hechos de los apóstoles 9,1-22

Te dirán lo que tienes que hacer

En aquellos días, Saulo seguía echando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor. Fue a ver al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse presos a Jerusalén a todos los que seguían el nuevo camino, hombres y mujeres. En el viaje, cerca ya de Damasco, de repente, una luz celeste lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Preguntó él: “¿Quién eres, Señor?” Respondió la voz: “Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad, y allí te dirán lo que tienes que hacer.” Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.

Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión: “Ananías.” Respondió él: “Aquí estoy, Señor.” El Señor le dijo: “Ve a la calle Mayor, a casa de Judas, y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando, y ha visto a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista.” Ananías contestó: “Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén. Además, trae autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre.” El Señor le dijo: “Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes, y a los israelitas. Yo le enseñaré lo que tiene que sufrir por mi nombre.” Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo: “Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y te llenes de Espíritu Santo.” Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y lo bautizaron. Comió, y le volvieron las fuerzas.

Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús es el Hijo de Dios. Los oyentes quedaban pasmados y comentaban: “¿No es éste el que se ensañaba en Jerusalén contra los que invocan ese nombre? Y, ¿no había venido aquí precisamente para llevárselos detenidos a los sumos sacerdotes?” Pero Pablo se crecía y tenía confundidos a los judíos de Damasco, demostrando que Jesús es el Mesías

 

 

 

MISERERE MEI

 

Estoy desorientado y dolorido

Aturdido, confuso, angustiado

Por la caída violenta y dura

 

Me han vaciado un golpe de mandoble

Contundente, certero, inesperado

Que ha parado el acero viejo y noble

De mi yelmo ya viejo y oxidado

 

Se ha hecho noche  la luz de mis pupilas

La negrura me envuelve de repente

Abro de par en par los ojos ciegos

Que solo ven la densa oscuridad

 

El miedo por momentos me atenaza

Golpea el corazón en mi garganta

Me agito entre sudores congelados

 

Embotados mis torpes pensamientos

Se nublan mis sentidos de repente

Jugando  con mis miembros sin firmeza

 

No opongo resistencia, estoy vencido

Mi cuerpo se recuesta blandamente

Sobre la dura tierra que no siento

 

Un pensamiento en mi borrosa mente

Me devuelve a lo lejos la esperanza

A mi Dios amoroso me encomiendo

 

De pronto siento paz y confianza

Y el roce de una mano generosa

Que tomando la mía me levanta

 

Yo me dejo llevar, ciego y herido

Camino de Damasco, como Saulo

A descansar en casa de un hermano

 

Tres días  sepultado en mi ceguera

En ayuno, rezando y meditando

Esperando la imposición de manos

 

Como Ananías dijo: “Hermano Saulo,

El Señor que tu viste, me ha enviado”

Mis ojos de repente se iluminan

Con la luz de Jesús resucitado

 

Ramón

 

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Autor: palabraypoesiarfdez

Disfruto buscando la belleza en la poesía, la literatura, la música y la Naturaleza.

2 pensamientos en “LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO

  1. Gracias Ramón por tus comentarios en mi blog. Por tus lecturas, por visitarme siempre. Me gustan mucho estas reflexiones que haces sobre temas religiosos. Gracias por hacerme pensar en lo divino. Un fuerte abrazo.

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  2. Es todo un gusto y una alegría haberte conocido y poder disfrutar de cuanto nos compartes. Que Dios te cuide, Julie.

    Un abrazo

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