EN LAS DOS MANOS DE DIOS

Dios siempre está cerca, aunque a veces se esconde

RAMÓN, ¿ME AMAS?

Deja un comentario

RAMÓN, ¿ME AMAS?

No tengo muy claro lo que voy a contar en esta entrada; de manera simple os puedo decir que sigo oyendo en mi interior la  misma pregunta que hiciera Dios a Caín, “dónde está tu hermano”, sigo oyendo, con voz ya más cercana y conocida, la pregunta que hiciera Jesús a Pedro por tres veces,

 “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Jesús le dice: “Apacienta mis corderos.” Por segunda vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le contesta: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Él le dice: “Pastorea mis ovejas.” Por tercera vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.” Jesús le dice: “Apacienta mis ovejas.

La verdad es que sigo oyendo estas preguntas, absolutamente personales, y, gracias a Dios, me siguen volviendo del derecho y del revés, diría que  cada vez más y de forma más inequívoca,

“Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, decían con orgullo los apóstoles ante el Sanedrín:

“¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.”

Curiosa prohibición en nombre de “ese”, como intentando borrarle al omitir el nombre; pues bien, hoy siguen muriendo, sostenidos por la fuerza del Espíritu Santo, del Espíritu de “ese”,  por seguir a “ese”, nada menos que a Cristo-Dios. Ellos mueren sostenidos por  la fuerza del Espíritu, como los apóstoles, como Esteban, y yo me pregunto,

¿dónde está mi fuerza, en quien tengo mi esperanza, quién es mi valedor, mi fuerza en la lucha, lucho con mi fuerza, más bien con mi cobardía, o con la fuerza de Dios, si realmente confío en Él? Tantas, tantas preguntas, al lado de tanta pequeñez y cobardía; pero, al final, no es el pecado, la pequeñez, la cobardía, lo que importa, solo importa el AMOR, y de eso a Dios le sobra, solo hay que decirle, arrollado, contristado como Pedro ante la tercera insistente pregunta,

“Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.”

Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús,Hech

Estos días en “LA PALABRA”, entre tanta maravilla en la que vemos a Jesús Resucitado que se hace el encontradizo y se deja reconocer al partir el pan, vemos que son necesarios “servidores” humildes y sencillos de la Comunidad, los diáconos, entre ellos Esteban que lleva al extremo, imitando a su Maestro esa “obediencia a Dios” antes que a los hombres,

En aquellos días, Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas: “¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado.”

Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: “Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.” Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: “Señor Jesús, recibe mi espíritu.” Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado.” Y, con estas palabras, expiró. Saulo aprobaba la ejecución.

Transcribo un párrafo de la entrada del padre Juan Esquerda Bifet, que a diario nos regala comentarios estupendos de LA PALABRA,

https://compartirencristo.wordpress.com/2016/04/10/lunes-semana-tercera-de-pascua-11-abril-2016/

 El diácono Estaban era exponente de aquella comunidad eclesial donde todos eran “un solo corazón y una sola alma” (Hech 4,32), fruto de una fe vivida sin ideologías. Así podían ser “testigos” y “enviados” auténticos para anunciar “con audacia” a Cristo Resucitado e invitar a creer en él. Quien ama a todos como Jesús no tiene miedos enfermizos. “Todos los fieles están llamados a tomar conciencia del dinamismo eclesial de la vocación, para que las comunidades de fe lleguen a ser, a ejemplo de la Virgen María, seno materno que acoge el don del Espíritu Santo” (Mensaje vocaciones 2016).

            Los diáconos a los que imponen las manos los apóstoles serán servidores de los más necesitados de la primera comunidad.

            Se nos repite con tanta y tan machacona insistencia la idea del servicio, de ser los últimos, de que los pequeños, los niños, los pobres, los atribulados y los que sufren son los preferidos de Dios, que lo que a ellos hagamos, al mismo Cristo lo hacemos,  que ya nos suena a chino. No lo escuchamos de tanto oírlo, pero es la peor enfermedad, la lepra de nuestra sociedad suficiente e hipócrita. En realidad lo sabemos y lo entendemos perfectamente, pero no nos interesa pues cambiaria nuestra vida como la de Mateo o la de Nicodemo. A Dios gracias, mientras nuestro corazón no sea aún un corazón de piedra, tendremos el dedo acusador en el fondo de nuestra conciencia para recordarnos estas verdades tal como salieron de labios de Jesús. Podremos poner mil velos para ocultarlas: razonamientos complejos, circunstancias que nos rodean, miserias y debilidades personales, pasiones incoercibles. Aunque lográramos ocultar tras estos mil velos nuestra conciencia, siempre oiríamos su voz, “he oído el clamor de la sangre de tu hermano..” Haz Señor que tengamos el oído atento al “clamor de la sangre, de la injusticia, de la necesidad, del dolor…..” de nuestros hermanos, como tú oíste desde el cielo el clamor de la sangre de Abel en el suelo.

 Dejemos que  nuestra  fantasía vague un poquito por el Jardín del Edén. ¿Por qué le preguntaría Dios a Caín  “dónde está tu hermano”,  en vez de  “por qué has matado a tu hermano”, pues Dios todo lo sabe. Yo veo aquí el delicado respeto de Dios hacia la libertad del hombre, y la psicología extraordinaria de la pregunta, para que Caín pueda responder libremente, como así lo hace, intentando engañar a Dios con otra pregunta, que no hace sino empequeñecer a Dios al creer que le puede engañar. “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?  La pregunta de Dios, en el fondo, también es para decirle, “Tu sitio es con tu hermano”,  por eso te lo pregunto,  como nos lo pregunta a cada uno de nosotros.

¡Cuánto se parece lo que hace Caín a lo que hacemos nosotros!

Por  envidia mata.

Miente a Dios.

Se permite el lujo de contestarle con otra pregunta.

No está con su hermano.

No nos parezcan historias de antaño, pues siendo narraciones poéticas alegóricas antiquísimas, hermosísimas y con un fondo de verdades como puños, son tan actuales y reales, que quien niegue que no las vive a diario, solo se engaña a sí mismo.

Tenemos envidia.

Intentamos liar a Dios con tonterías que no nos creemos ni nosotros mismos.

No estamos con nuestros hermanos, ¿acaso somos sus guardianes? ¡ Malo!, algo les habremos hecho, o peor aún, dejado de hacer.

 La piedra angular, la piedra que desecharon los arquitectos, la piedra de fundamento y apoyo para unos y de tropiezo para otros, la piedra para levantarse o para caer, la piedra de contradicción.

Es la piedra ante la que no se admite indiferencia. Yo soy el camino, la verdad y la vida; Yo soy la piedra angular sobre la que  edificaré mi iglesia, de la que vosotros seréis piedras vivificadas por el Espíritu. “Haréis las obras que Yo haga y aún mayores”.

 Jn 6,22-29 (“La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado”)

 Jesús nos guarda un sitio junto al Padre, pero mientras llega ese día, nuestro camino es Jesús, nuestra verdad es su amor vivido en comunión y compañía de nuestros hermanos y prójimos en los que hemos de verle a Él, no en vano por eso se nos juzgará, y nuestra vida son los frutos de este amor que son las obras por las que nos han de reconocer, y por las que Dios nos reconocerá, o nos apartará porque no nos conoce.

Que siempre me siga interpelando, que me quite el sueño, que me siga volviendo cada día del derecho y del revés, que mantenga siempre el corazón de carne, blando, tibio y palpitante, abierto a toda necesidad y dolor.

“Lo que hicisteis al más pequeño, a mí me lo hicisteis”

 ¡CRISTO VIVE! Y NOS AMA

Un abrazo en Cristo

Ramón

Anuncios

Autor: palabraypoesiarfdez

Disfruto buscando la belleza en la poesía, la literatura, la música y la Naturaleza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s