EN LAS DOS MANOS DE DIOS

Dios siempre está cerca, aunque a veces se esconde


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MARI CRUZ

MARI CRUZ

 

Valladolid, por años, mi ciudad;
Una esquina, la Calle Labradores,
La recuerdo después de tantos años
Vendiendo los cupones de la ONCE
Con su alegre sonrisa y con su luz

Bendita ciega dulce e inocente
Se llama Mari Cruz
Rodeada de un aura de hermosura
De santidad viviente.

 

A menudo paraba
A comprar un cupón
Y, de paso charlaba.
Otras veces, tan solo,
Miraba la bondad
De su rostro apacible
Que me llenaba de serenidad

Llamaban mi atención
Sus manos y sus dedos
De inquietos movimientos
Como ojos que tocando suavemente
Acariciaban formas y texturas
Con exquisita sensibilidad.
De los muchos recuerdos
Sin duda el más grabado
El de su fe profunda y confiada
Y el de su aceptación
Profunda y abnegada
Nunca reñidas
Con su felicidad.

 

Mientras, yo caminaba,
Perdido, ansioso, inquieto,
En medio de mil dudas
A tientas, en lo oscuro, 
Sin luz en mis adentros
En un mar desdichado y farragoso
Sin encontrar el norte de mi vida.

 

Por ella conocí la luz que brota
Del espíritu que arde desde dentro

Seguía yo cegado
Con los vivos colores
De mil luces brillantes 
Llenas de resplandores
Mas no encontraba la tranquila calma
Los ojos de mirada transparente
Que hacen llegar la luz
Hasta el fondo del alma

 

R.F.

 

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