EN LAS DOS MANOS DE DIOS

Dios siempre está cerca, aunque a veces se esconde


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AGUA VIVA

 

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AGUA VIVA

 

Tu eres Jesús, que cansado y sudoroso pediste agua a la Samaritana,

 y a cambio le ofreciste agua viva.
Me ofreces agua viva para mi sed de vida eterna, me ofreces tu mano para guiarme, tu compañía, tu palabra para confortarme, tu mirada para iluminarme. ¿Qué me puede faltar? Sólo tú tienes palabras de vida eterna, de amor, de paz interior, de felicidad verdadera.
De momento quiero vivir contigo, al lado, y, espero que tú me vayas diciendo, y, …claro está, corrigiendo.
Te amo, me da infinita vergüenza decirlo, porque sé que es un amor paupérrimo, lleno de infidelidades y caprichos, y, sobre todo de olvidos, que es lo que más me avergüenza. Aun  así te amo, ¿adónde iría sin Ti?
Todo lo bueno que conozco, que creo, que siento y que da sentido, paz y felicidad a mi vida procede de ti, Señor, de tu gracia, de tu palabra, de tu amor inmenso que desborda todo lo que toca y, graciosamente, gratuitamente lo transforma en vida, en amor, en paz, en tu reino maravilloso.

 

Ramón Fernández

 

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SED DE DIOS

SED DE DIOS

 

 

El alma se me escapa de las manos

Como el agua en la arena del desierto

Mi corazón sediento busca incierto

Desasirse de sentimientos vanos

 

Encontrar agua viva en un torrente

Donde el alma se sacie de dulzura

Con aguas cristalinas y tan puras

Que laven corazón, ojos y mente

 

Me he roto el corazón con mis locuras

Y debo remendarle con presteza

No cediendo indolente a la pereza

 

Sé muy bien que eres Tú la hermosa fuente

Que colma los anhelos de mi alma

Buscaré siempre en Ti consuelo y calma

 

R.F.

 


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BAUTISMO DE CRISTO

 

BAUTISMO DE  CRISTO

 

Hechos 10

 

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”

Cada uno de nosotros conoce cómo “empezó la  cosa” en  su vida, en la tuya, en la mía.

 Pedro lo contaba de esa manera tan sencilla, clara, diáfana y hermosa.

 ¿Cómo puedo contarlo yo? La cosa empezó hace ya tanto, con el Agua,  el Agua viva, el Agua  del Señor, el Espíritu Santo,  en mi Bautismo, que, claro está, no recuerdo.

 Lo decidieron por mí al considerarlo mis padres el bien más grande para ellos y por consiguiente para mí de lo que siempre estaré agradecido.

 Con la conciencia y los años, por la misteriosa certeza de la fe,  hice mía esta decisión y la deseé y espero desearla siempre pues el Bautismo es la aceptación agradecida del Reino, del estilo de Dios, del hombre nuevo lavado por el Agua y el Espíritu. Es la buena noticia del Siervo prefigurado por Isaías:

Isaías 42, 1-4. 6-7

Mirad a mi siervo, a quien prefiero

Así dice el Señor: “Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero.

Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.

No gritará, no clamará, no voceará por las calles.

La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará.

Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará,

hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.

Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano,

te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.

Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión,

y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.”

Es el grito en el desierto de Juan, el heraldo fiel:

“Yo os bautizo con agua,….. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.”

“La cosa que empezó de forma tan inconsciente” llena de  sentido  mi vida, y solo pido a Dios  mantenga y acreciente mi fe en su amor, en su misericordia,  el más bello y gratuito regalo.

Para que  llene mis horas y mis trabajos en su clave, en su música, en su misericordia,  amando y perdonando a las personas con las que trabajo codo a codo, y alabando a Dios, cantándole siempre alegre y agradecido.

Ramón